martes, 14 de octubre de 2014

Mi Sello.

Después de envasar la botella de ron en el termo de Nesquik me fui caminando por la ruta que muchas veces hice para llegar a tu casa, solo que esta vez eran las tres de la mañana, estaba ebrio y vos no  me contestabas el celular. Llegué a tu casa con la esperanza de que si tiraba pequeñas piedras a tu ventana, saldrías y me invitarías a consolarme a tu lado en la cama. Salio tu madre, me dijo que  estabas de verbena.

Agarré un taxi y empece a buscarte por toda la ciudad, tenia que encontrarte. Luego de que me llamaras iracunda para gritarme que llegará a tu casa, me mandaste al carajo (mi casa) con tus buenos amigos, que afortunadamente para mi, me llevaron de verbena.

Al día siguiente te llevé un regalo a la casa, no me abriste la puerta.

Mis padres se enteraron, mi hermano les dijo, me escape pensando "peor que en casa nunca estaré".

Llegué a una ciudad parcialmente conocida, conocí los primeros placeres de compartir con otro hombre, una cena, una cerveza y la cama. A la mañana siguiente después de un beso, le dije que me tenia que ir.

Volví a casa, todos olvidaron lo que había hecho tres días atrás, excepto tú, excepto yo. Nosotros. El no nosotros.




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