lunes, 17 de marzo de 2014

Polvo De Estrellas

El olvido, la maldición que los dioses pusieron sobre la humanidad. Nacemos con miedo de ser olvidados, queremos ser mirados, reconocidos, diferenciados ¿ entonces sino por qué lloran los bebes al nacer?. Aquiles sabía la ruina y gloria que le esperaba en troya, pero la promesa de ser recordado durante todos los tiempos seduce a cualquier hombre, al menos a cualquiera que es consciente de la pequeña mota de suciedad que representa en el universo. Entonces surge que nuestro mundo, lo que alcanzan a ver nuestros ojos y retener nuestra memoria lo es todo, más por instantes nuestra visión se abre y logramos ver en panorámica, contemplando la grandeza del universo y la nada que representamos. Dos conceptos que pueden tener tan variados significados e interpretaciones ¿ Por qué tememos tanto al olvido? ¿ acaso no moriremos e incluso el universo entero lo hará?. Materia antigua o nueva, toda tiene un fin y del olvido nadie se salva ¿ saben por qué?, porque llegará ( indudablemente sucederá) un momento en el que no habrá ser que tenga la habilidad de recordar. Pero sigamos, sigamos haciendo guerras, continuemos matándonos entre nosotros, destruyendo el único hogar que conocemos en el universo entero, causando dolor  cuando ya de por si la vida misma da bastante por lo cual sufrir y angustiarse, ¡ SIGAMOS SIENDO IGNORANTES! ¡ SIGAMOS SIENDO SERES! , porque aún LA MAYORÍA NO SOMOS HUMANOS.


sábado, 8 de marzo de 2014

Fantarreal.

Me subí al tren sin saber hacia donde iba o siquiera desear un lugar hacia donde ir ¿ por qué lo hice? pues supongo que quería respirar aire fresco. No, mentira, entre aquel tumulto no existe el aire fresco,  entonces ¿por qué lo hice?, ya lo sé, quería divagar por toda la ciudad y realzar mi libertad... No, la verdad eso tampoco es ( aunque si me gusta hacerlo de vez en cuando), yo quería tener contacto con otro ser humano, quería simplemente tener el placer de una conversación mientras alguien miraba a mis ojos y me decía de esa manera que estaba vivo, que mi cuerpo era algo ocupado por otra cosa más, que yo tenia identidad  y el poder de decidir quien, cómo o qué era esa identidad.

Fue en ese instante en que la vi,  de pie recostada en contra de la puerta que se abría durante el breve espacio de tiempo que daban en las estaciones para que la gente abordase, sensación extraña la que me invadía cada vez que esto sucedía pues temía que se bajase en unos de esos breves instantes. Era una mujer más, de esas que físicamente no tienen nada de especial pero que por su forma de mirar y reflexionar se torna en la más hermosa, deseada y maravillosa que cualquiera. La miré una, dos, tres veces pero como todo, llegó el fin. Antes de que se bajase y me dejase con el sentimiento de vacío por el cual había subido al tren, preferí abandonarlo yo quedándome con aquella mirada que me regalo durante un segundo la cual había dado remedio a mi corazón, al menos el día de hoy.