No había nada por hacer, ya habíamos acabado la comida y era hora de irse de allí. Debí beberme la cerveza más despacio, debí pedir otra antes de que se acabase o tal vez ... Le dije que nos quedásemos un rato más, que el ambiente estaba de lujo, buena música y afiches de calidad en el decorado, pero ella quería irse, la forma en que movía su pie por debajo de la mesa me lo decía todo. Simplemente dijo vayámonos mientras se levantaba, sin dejarme siquiera opción de protesta.
Fue ese medio día nuestra primera comida juntos, el primer intercambio de posiciones filosóficas, mi primera semi- confesión de sus efectos en mi; Le dije que era la Maga de Cortázar. Pude obsérvala mejor al tenerla sola para mi, ya no debía repartirla entre sus amistades o la atención merecida hacia su padre. En ese almuerzo juntos (pizza, tiempo después se volvería costumbre) me absorbí su sonrisa, su cabello suelto y desmarañado por el viento, las lineas de sus manos y toda palabra que me dijo. Sobre todo aquel pedazo de conversación donde pude notar su incomodidad con el conformismo. Es ambiciosa, desea tener, poseer, luchar hasta conseguir más, ella es opuesta a mi.
Fue ese medio día nuestra primera comida juntos, el primer intercambio de posiciones filosóficas, mi primera semi- confesión de sus efectos en mi; Le dije que era la Maga de Cortázar. Pude obsérvala mejor al tenerla sola para mi, ya no debía repartirla entre sus amistades o la atención merecida hacia su padre. En ese almuerzo juntos (pizza, tiempo después se volvería costumbre) me absorbí su sonrisa, su cabello suelto y desmarañado por el viento, las lineas de sus manos y toda palabra que me dijo. Sobre todo aquel pedazo de conversación donde pude notar su incomodidad con el conformismo. Es ambiciosa, desea tener, poseer, luchar hasta conseguir más, ella es opuesta a mi.
Pude notar sus cejas color rojizas compartiendo el tono de su cabello, caí en cuenta que su rostro lo constituye su sonrisa y su nariz. Particularidades que enamoran.
Salimos del restaurante, cruzando la calle había un parque como predispuesto para nuestra visita, el cigarro lento que compartimos pues era el ultimo, y la despedida larga de un abrazo, porque aún no encuentro la manera de besarle la boca. Solo me queda escribir las evocaciones surgidas en el momento, porque yo no me fuerzo a recordar, simplemente fue pasar por ese mismo restaurante, ver nuestras sillas vacías y una fuerza inexpugnable me obligo a sentarme allí, ordenar la misma pizza y luego fumarme medio cigarro en el parque de al frente. Que vacío es todo sin ti, Querida.
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